LITERATURA CONTEMPORÁNEA

Little Dreams, Big Bookcase
El corazón, si pudiera pensar, se pararía.

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

La ficción es un traje de buzo

El neopreno fue un inventazo: una fibra que permite el paso del agua hasta que se satura. Cuando un buzo entra al mar, el neopreno deja pasar unos cinco milímetros del líquido y luego se cierra. El calor del cuerpo se transmite a esa capa de agua, que se convierte en un aislante perfecto. Un buzo en realidad no nada precisamente en el mar o no en todo el mar, sino en uno de cinco milímetros de profundidad perfectamente acoplado al volumen de su cuerpo. José Emilio Pacheco dice que si seguimos leyendo ficción a pesar de la televisión y el cine, de internet y el coche, del diseño como forma de vida, es porque sigue siendo nuestra mejor posibilidad de situarnos completamente en el otro. Tal vez los críticos dieciochescos y decimonónicos que encontraban en la lectura de novelas una pura y peligrosa degradación –la sustitución de la vida por la representación de la vida en sus casos más extremos– estaban en lo cierto: una literatura es una paciente acumulación de registros vida por vida, la memoria de otros que nos van civilizando. Todo el mundo tiene derecho, por supuesto, a su enfermedad mental. A su mal humor, a su cursilería. ¿Cuando leemos una ficción realmente estamos buscando definiciones del alma nacional? ¿El espíritu de un tiempo? Creo que no. Nada de arte y menos arte por alguna causa, incluido el arte; nada de grandes espíritus definiendo grandes misterios; nada total. Sólo registros y de cinco milímetros de profundidad volumétrica: toda una persona, pero nada más. La ficción, en realidad, es un traje de buzo.

~Álvaro Enrigue

Paths to Success
It is not down on any map; true places never are.
—Herman Melville

It is not down on any map; true places never are.

Herman Melville

Dream on

nevver:

Read something, twice. If it doesn’t read the same both times, you’re probably dreaming.

La primera lección que enseña la lectura es a estar solo.

Jonathan Franzen

La verdad del lector

Yo fui a México a ver a un gran crítico francés, que dirigía la comisión de literatura de Gallimard. Él había leído mi novela y yo fui a verlo en su oficina de la Unesco. Me dijo que le gustó mucho el personaje del Jaguar [de la novela La ciudad y los perros] porque se atribuye un crimen que no cometió para reconquistar su autoridad sobre sus compañeros. Yo le dije: «El Jaguar sí cometió ese crimen». Entonces, me miró y me dijo: «Usted se equivoca. Usted no entiende su novela. Para el Jaguar perder el liderazgo era una tragedia infinitamente superior a la de ser considerado un criminal». Su versión me convenció; aunque cuando escribí la novela yo pensé que sí lo había matado.

Un escritor no tiene la última palabra sobre lo que escribe [la tiene, siempre, el lector].

~Mario Vargas Llosa

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